viernes, 17 de febrero de 2017

LA EXPULSIÓN
Era el turno de JR todos esperábamos una confesión y estuvimos atentos hasta que Habló:
-¡No!, ¡Nada! -nos miró alzó los hombros, demostrando que no había nada que decir. Fer, en cambio,  musitó un nombre, no sé, algo ininteligible y Vilma dijo que fue sólo un chape, nada de importancia. Era mi turno, lo pensé dos veces, podía negarme a hablar, pero no lo hice y mencioné un nombre, todos iluminaron sus ojos, menos la persona indicada, porque no estaba, comenzaron las comparaciones y hechos anecdóticos que me unían con aquella niña de 12 años, pero no prosperó más. Quizás al final de las historias del blog, lo diga.
El timbre sonó y apareció Carmen que saludó a todos. Nos distrajo, pero no a Silvia que nos abordó.
-¿Saben,  que casi fui expulsada del colegio?, ¡me salvé por un pelo! - sonrió contagiosamente mientras que despertó el interés de todos. Olvidaron mis comentarios, y se sirvieron con más ansiedad los bocaditos de la mesa. Yo busqué esos dulces que se deshacían en la boca, mientras que Fer, me pasaba galletas untadas con mantequilla.
-Recuerdan nuestras constantes peleas – nos dijo, mostrando unos ojos pícaros, conforme recordaba-  Eran los primeros días del mes de Abril, el calor era insoportable, sobre todo porque estábamos en unos salones prefabricados con paredes de triplay y techo de calamina.
¡Sí!- interrumpió Eda -era insoportable, nos sancochábamos en ese salón.
-¡Así fue!- dijo Silvia – y los chicos nos mojaron y se fueron contentos.

-¡Ja, ja, ja!- sonrió Margarita- me acuerdo, sí.
Silvia, acomodó su cabello, estaba más entusiasmada, gesticulaba moviendo más rápido sus manos.
-¡Nos metimos al baño de los niños!- dijo, mientras que todos los varones nos mirábamos- Sabíamos que tenían que regresar, el recreo había terminado, pero nosotras los esperábamos con baldes de agua.
Margarita y Eda sonreían al unísono con Silvia, recordando toda la escena.
-Sentimos pasos y sospechamos que se acercaban los niños, preparamos nuestros baldes- dijo Silvia sonriendo - habíamos prometido no regresar al salón,  hasta  vengarnos.
Todo estaba listo, la puerta se abrió  y dimos un grito: ¡Agua!, ¡Agua! Y vaciamos los baldes.
-¡Niñas! ¿Qué hacen?- Esas palabras nos hicieron entrar en razón.
¡Habíamos cometido la peor equivocación que alumno alguno hubiese hecho!, ¡Mojamos a la auxiliar!
“Ja, ja, ja – todos prorrumpimos en risa.
-Saben lo que más me sorprendió de todo este lío, cuando le conté a mi mamá, porque la habían citado al colegio. Yo esperaba que se enojara, sin embargo sólo sonrió. Lo tomó como una travesura de niños y no me castigó.
Eda levantó la mano y dijo yo también tengo una historia, muy buena. (Continuará…)



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