LA EXPULSIÓN
Era el turno de JR todos
esperábamos una confesión y estuvimos atentos hasta que Habló:
-¡No!, ¡Nada! -nos miró alzó los
hombros, demostrando que no había nada que decir. Fer, en cambio, musitó un nombre, no sé, algo ininteligible y Vilma
dijo que fue sólo un chape, nada de importancia. Era mi turno, lo pensé dos
veces, podía negarme a hablar, pero no lo hice y mencioné un nombre, todos
iluminaron sus ojos, menos la persona indicada, porque no estaba, comenzaron
las comparaciones y hechos anecdóticos que me unían con aquella niña de 12 años,
pero no prosperó más. Quizás al final de las historias del blog, lo diga.
El timbre sonó y apareció Carmen que
saludó a todos. Nos distrajo, pero no a Silvia que nos abordó.
-¿Saben, que casi fui expulsada del colegio?, ¡me
salvé por un pelo! - sonrió contagiosamente mientras que despertó el interés de
todos. Olvidaron mis comentarios, y se sirvieron con más ansiedad los bocaditos
de la mesa. Yo busqué esos dulces que se deshacían en la boca, mientras que Fer,
me pasaba galletas untadas con mantequilla.
-Recuerdan nuestras constantes
peleas – nos dijo, mostrando unos ojos pícaros, conforme recordaba- Eran los primeros días del mes de Abril, el
calor era insoportable, sobre todo porque estábamos en unos salones
prefabricados con paredes de triplay y techo de calamina.
¡Sí!- interrumpió Eda -era
insoportable, nos sancochábamos en ese salón.
-¡Así fue!- dijo Silvia – y los
chicos nos mojaron y se fueron contentos.
-¡Ja, ja, ja!- sonrió Margarita-
me acuerdo, sí.
Silvia, acomodó su cabello,
estaba más entusiasmada, gesticulaba moviendo más rápido sus manos.
-¡Nos metimos al baño de los
niños!- dijo, mientras que todos los varones nos mirábamos- Sabíamos que tenían
que regresar, el recreo había terminado, pero nosotras los esperábamos con
baldes de agua.
Margarita y Eda sonreían al
unísono con Silvia, recordando toda la escena.
-Sentimos pasos y sospechamos que
se acercaban los niños, preparamos nuestros baldes- dijo Silvia sonriendo -
habíamos prometido no regresar al salón, hasta vengarnos.
Todo estaba listo, la puerta se
abrió y dimos un grito: ¡Agua!, ¡Agua! Y
vaciamos los baldes.
-¡Niñas! ¿Qué hacen?- Esas
palabras nos hicieron entrar en razón.
¡Habíamos cometido la peor
equivocación que alumno alguno hubiese hecho!, ¡Mojamos a la auxiliar!
“Ja, ja, ja – todos prorrumpimos
en risa.
-Saben lo que más me sorprendió
de todo este lío, cuando le conté a mi mamá, porque la habían citado al
colegio. Yo esperaba que se enojara, sin embargo sólo sonrió. Lo tomó como una travesura de niños y no me castigó.
Eda levantó la mano y dijo yo también
tengo una historia, muy buena. (Continuará…)
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