miércoles, 1 de marzo de 2017

EL FANTASMA DEL SALÓN DE ACTOS.

Salón de actos.
Antes de escucharla, teníamos que preparar baterías así que salimos a comprar más butifarras, la hora había avanzado tan rápido que eran cerca a la una de la mañana, cuando regresamos, Maraví había abandonado al grupo, A pesar de su ausencia nos relajamos, escuchamos un poco de música de los 80, repartimos en bandejas los bocaditos. Tratamos de cantar algo de Karaoke, pero por fallas técnicas no se logró. Así pasó la noche, hasta que Eda dijo:
“¡Escuchen, escuchen!, ¿recuerdan el salón de actos?, ¿se acuerdan que había una alfombra, en el pasadizo?, pues esta no estaba  y había una puerta en el piso.
-¡Sí! – Gritó Silvia, mientras agitaba sus manos desesperadamente –nos acercamos para mirar y había una escalera hacia abajo, era como un túnel
- Todo estaba oscuro no se veía nada – agregó Eda, mientras se acomodaba el cabello hacia atrás, algo nerviosa.
JR, como nunca,  estaba quieto escuchando, no intervino parecía asombrado al igual que Fer y el poeta, Carmen que parecía somnolienta, despertó , creo a que a todos nos despertó más aún cuando Silvia empezó a gritar como si aún le afectara lo que vio.
¡Alguien salió de ese túnel, venía hacia nosotras! – Gritó Silvia – ¡tenía tres ojos!
¡Si! – Dijo Eda- ¡Escapamos, no sé más!, ¡mi corazón latía a cien por hora y casi nos desmayamos de el susto!
Yo estuve pasmado, no sabía qué decir, Eda lucía aterrada y Margarita también. Nadie preguntó más, parecía un cuento de terror.
Muchos días después de la reunión, me quedé intrigado y conversé con Eda, me comentó que ese día había más testigos que podían asegurar lo que vieron: “Ana María, Milagros, Sonia, Julia y Mónica” que igual salieron despavoridas, a pesar de que siempre visitaban  el salón de actos para jugar, estudiar y pasar el recreo.
-Te  acuerdas de esa profesora alta y delgada con un corte cuadrado que se vestía de ropa multicolor, cuyo aspecto daba miedo porque tenía un rostro cadavérico- me preguntó, mientras ataba algunos cabos.
Sí – le respondí.
Ella llevaba  comida en unos pocillos de porcelana y entonces decidimos seguirla y nos topamos con ese espanto. Mientras Eda concluía su relato esa madrugada del domingo, no dejaba de decir que fue un  fantasma, lo que vieron esa tarde,  aseguraba que  “El Meche” fue una  prisión, denominada: Cárcel de Santo Tomás” y que por eso penaban. Aunque, de acuerdo a la versión popular habían túneles, bajo la tierra,  que comunicaban con las catacumbas, la santa inquisición y posiblemente hasta palacio de gobierno. Quizás esta historia, quede como una anécdota pero esta profesora daba comida a alguien que no podía salir y que vivía en ese túnel, debajo del salón de actos.
¿Quién podría vivir bajo esas condiciones? Y ¿por qué? Acostumbrado a investigar y a encontrar razones lógicas, no creí que fuera un fantasma, pero sí alguien que se escondía por algún motivo. Aún este personaje para mí,  como para mis compañeras resultó un misterio, que se lo entrego a usted amigo lector para que nos ayude a encontrar una salida a este enigma.


Después de respirar un rato, Fer  levantó la mano, le tocaba hablar  (continuará: La fiesta inolvidable…)

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