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sábado, 11 de marzo de 2017

La fiesta inolvidable
Todos reían  y recordaban las fiestas de la promoción, sentados cómodamente nos deleitamos con cada ocurrencia, como si estuviese sucediendo. Los grandes ojos de Eda brillaban al acordarse de cada escena, con una memoria prodigiosa nos transportaba a esos tiempos de los 70,  donde todo era un descubrimiento: “El despertar de la inocencia”.
-¡Yo no me perdía las fiestas de la promoción!  – Decía Fer –  ¡Eran un vacilón!, sobre todo cuando estábamos en apuros, tanta era la desesperación que hacíamos tonterías.
-¡Ja ja!- todos reíamos, incluso él, aplaudiendo, festejando la ocurrencia,
Por un momento me abstraje y recordé que iba a fiestas en busca de una ilusión: ¡Una chica!, la que todos anhelaban, una niña de ojos verdes, pelo lacio, castaño con una figura esbelta  que lucía cuando bailaba. Su apelativo “la chapadora”, ¿Por qué? En cada fiesta tenía un chico distinto al que terminaba  besando. Yo anhelaba tener una oportunidad, estar entre esa lista de muchachos, desde aquella vez que la saludé y ella me sonrió, no cesó mi búsqueda.
Me obsesioné por esas fiestas, allá por el año 1978, iba a lugares donde se escuchaba rock, a todo volumen, apenas si se podía hablar o ver bien, a causa de  luces moradas y tenues con ambientes llenos de humo, que escondían a muchachos con cabellera larga; era “el tiempo de los hippies”, preparando cigarrillos, embelesados con el sabor de la marihuana. En el centro estaba yo, bailando con mucha gente, saltando, gritando, contoneándonos  con niñas de nuestra edad, pero nada me interesaba, porque buscaba a ella, la de los jeans apretados.
-¡Ja ja!- Eda carcajeó, sacándome de mi abstracción
- ¿Recuerdan cuando se acabó el agua?- se tapó la boca, indicándonos que no debería hablar.
-Sí – dijeron todos – JR, Fer, Silvia, Margarita  todos sonreían, incluso el poeta que escuchaba atento todo.
-¡Entramos al baño y sacamos el agua del tanque para hacer refresco!- reía Eda.
-¡Ja ja ja!- se escuchó en todo el ambiente
-Teníamos que salir de ese apuro y no había otra- dijo JR, muy resuelto.
-¡No recuerdo nada! –dije, desconsolado.
-¡Qué vas a recordar! – Dijo JR – ¡si nunca ibas!
¡Era cierto!, lo miré, sólo sonreí y recordé por qué. Aquella noche del 78, era la indicada, todo listo para mi fiesta inolvidable, salí bien cambiado, perfumado y con mucha glostora en el cabello, hasta que en  mitad de camino una “batida policial”, interrumpió mi camino, me subieron a un bus porta tropa y por tres horas estuve paseando por las calles, observando como recogían a todos los malandrines del barrio. A las 2:30 de la mañana llegué al cuartel Barbones. Apenas bajé, el guardia de la puerta que inspeccionaba, me miró de pies a cabeza
¿Y tú qué edad tienes?- me dijo asombrado
-14 – le dije tímidamente
-¡Ja ja! – Empezó a reírse -¡Oye Martínez! ¿Para qué traes niños?
El policía me miró, se rascó la cabeza y dijo: “¡Que se vaya, no podemos retenerlo aquí!”.
En unos minutos estuve en la calle, corriendo desesperadamente por las peligrosas calles de Barrios altos. No podía detenerme, había prometido llegar temprano y si fallaba no me creerían otra vez. Aparecí en casa, cerca de las 3 de la mañana. Mi padre enfurecido, me castigó obligándome a prometer que jamás saldría otra vez y así lo hice.
No tuve la suerte de Silvia con su mamá, que la comprendió o la de algunos amigos, que sí podían salir. Tardé mucho en comprender porque tan severo el castigo. "¡Quizás es el karma!", me dijo Silvia una vez, aunque no creo en esas cosas, intuí que era mi destino, pero algo que sí recuerdo eran los ojos de mi padre, no había ira, había miedo, miedo de que algo funesto me sucediera. Mi aventura con las fiestas había acabado, junto a  la esperanza de descubrir lo que era robarle un beso a esa niña, a la que jamás volví a ver y de la que aún guardo el recuerdo  de esa sonrisa, que me obligó a hacer  cosas inimaginables: “Mi niña chapadora”.
(continuará…)


miércoles, 1 de marzo de 2017

EL FANTASMA DEL SALÓN DE ACTOS.

Salón de actos.
Antes de escucharla, teníamos que preparar baterías así que salimos a comprar más butifarras, la hora había avanzado tan rápido que eran cerca a la una de la mañana, cuando regresamos, Maraví había abandonado al grupo, A pesar de su ausencia nos relajamos, escuchamos un poco de música de los 80, repartimos en bandejas los bocaditos. Tratamos de cantar algo de Karaoke, pero por fallas técnicas no se logró. Así pasó la noche, hasta que Eda dijo:
“¡Escuchen, escuchen!, ¿recuerdan el salón de actos?, ¿se acuerdan que había una alfombra, en el pasadizo?, pues esta no estaba  y había una puerta en el piso.
-¡Sí! – Gritó Silvia, mientras agitaba sus manos desesperadamente –nos acercamos para mirar y había una escalera hacia abajo, era como un túnel
- Todo estaba oscuro no se veía nada – agregó Eda, mientras se acomodaba el cabello hacia atrás, algo nerviosa.
JR, como nunca,  estaba quieto escuchando, no intervino parecía asombrado al igual que Fer y el poeta, Carmen que parecía somnolienta, despertó , creo a que a todos nos despertó más aún cuando Silvia empezó a gritar como si aún le afectara lo que vio.
¡Alguien salió de ese túnel, venía hacia nosotras! – Gritó Silvia – ¡tenía tres ojos!
¡Si! – Dijo Eda- ¡Escapamos, no sé más!, ¡mi corazón latía a cien por hora y casi nos desmayamos de el susto!
Yo estuve pasmado, no sabía qué decir, Eda lucía aterrada y Margarita también. Nadie preguntó más, parecía un cuento de terror.
Muchos días después de la reunión, me quedé intrigado y conversé con Eda, me comentó que ese día había más testigos que podían asegurar lo que vieron: “Ana María, Milagros, Sonia, Julia y Mónica” que igual salieron despavoridas, a pesar de que siempre visitaban  el salón de actos para jugar, estudiar y pasar el recreo.
-Te  acuerdas de esa profesora alta y delgada con un corte cuadrado que se vestía de ropa multicolor, cuyo aspecto daba miedo porque tenía un rostro cadavérico- me preguntó, mientras ataba algunos cabos.
Sí – le respondí.
Ella llevaba  comida en unos pocillos de porcelana y entonces decidimos seguirla y nos topamos con ese espanto. Mientras Eda concluía su relato esa madrugada del domingo, no dejaba de decir que fue un  fantasma, lo que vieron esa tarde,  aseguraba que  “El Meche” fue una  prisión, denominada: Cárcel de Santo Tomás” y que por eso penaban. Aunque, de acuerdo a la versión popular habían túneles, bajo la tierra,  que comunicaban con las catacumbas, la santa inquisición y posiblemente hasta palacio de gobierno. Quizás esta historia, quede como una anécdota pero esta profesora daba comida a alguien que no podía salir y que vivía en ese túnel, debajo del salón de actos.
¿Quién podría vivir bajo esas condiciones? Y ¿por qué? Acostumbrado a investigar y a encontrar razones lógicas, no creí que fuera un fantasma, pero sí alguien que se escondía por algún motivo. Aún este personaje para mí,  como para mis compañeras resultó un misterio, que se lo entrego a usted amigo lector para que nos ayude a encontrar una salida a este enigma.


Después de respirar un rato, Fer  levantó la mano, le tocaba hablar  (continuará: La fiesta inolvidable…)

viernes, 17 de febrero de 2017

LA EXPULSIÓN
Era el turno de JR todos esperábamos una confesión y estuvimos atentos hasta que Habló:
-¡No!, ¡Nada! -nos miró alzó los hombros, demostrando que no había nada que decir. Fer, en cambio,  musitó un nombre, no sé, algo ininteligible y Vilma dijo que fue sólo un chape, nada de importancia. Era mi turno, lo pensé dos veces, podía negarme a hablar, pero no lo hice y mencioné un nombre, todos iluminaron sus ojos, menos la persona indicada, porque no estaba, comenzaron las comparaciones y hechos anecdóticos que me unían con aquella niña de 12 años, pero no prosperó más. Quizás al final de las historias del blog, lo diga.
El timbre sonó y apareció Carmen que saludó a todos. Nos distrajo, pero no a Silvia que nos abordó.
-¿Saben,  que casi fui expulsada del colegio?, ¡me salvé por un pelo! - sonrió contagiosamente mientras que despertó el interés de todos. Olvidaron mis comentarios, y se sirvieron con más ansiedad los bocaditos de la mesa. Yo busqué esos dulces que se deshacían en la boca, mientras que Fer, me pasaba galletas untadas con mantequilla.
-Recuerdan nuestras constantes peleas – nos dijo, mostrando unos ojos pícaros, conforme recordaba-  Eran los primeros días del mes de Abril, el calor era insoportable, sobre todo porque estábamos en unos salones prefabricados con paredes de triplay y techo de calamina.
¡Sí!- interrumpió Eda -era insoportable, nos sancochábamos en ese salón.
-¡Así fue!- dijo Silvia – y los chicos nos mojaron y se fueron contentos.

-¡Ja, ja, ja!- sonrió Margarita- me acuerdo, sí.
Silvia, acomodó su cabello, estaba más entusiasmada, gesticulaba moviendo más rápido sus manos.
-¡Nos metimos al baño de los niños!- dijo, mientras que todos los varones nos mirábamos- Sabíamos que tenían que regresar, el recreo había terminado, pero nosotras los esperábamos con baldes de agua.
Margarita y Eda sonreían al unísono con Silvia, recordando toda la escena.
-Sentimos pasos y sospechamos que se acercaban los niños, preparamos nuestros baldes- dijo Silvia sonriendo - habíamos prometido no regresar al salón,  hasta  vengarnos.
Todo estaba listo, la puerta se abrió  y dimos un grito: ¡Agua!, ¡Agua! Y vaciamos los baldes.
-¡Niñas! ¿Qué hacen?- Esas palabras nos hicieron entrar en razón.
¡Habíamos cometido la peor equivocación que alumno alguno hubiese hecho!, ¡Mojamos a la auxiliar!
“Ja, ja, ja – todos prorrumpimos en risa.
-Saben lo que más me sorprendió de todo este lío, cuando le conté a mi mamá, porque la habían citado al colegio. Yo esperaba que se enojara, sin embargo sólo sonrió. Lo tomó como una travesura de niños y no me castigó.
Eda levantó la mano y dijo yo también tengo una historia, muy buena. (Continuará…)



miércoles, 8 de febrero de 2017

CARPE DIEM
(“Vive cada momento de tu vida como si fuese el último”)

El día sábado 04 de febrero, asistí con mi amigo Fernando a una reunión de ex compañeros de la sección “O” del  colegio, a quienes no veía  desde hace 36 años. Era una reunión mixta de hombres y mujeres,
-Estaré hasta las nueve, máximo- me dijo Fernando- mirando su reloj y preguntándome si teníamos que llevar algo.
-¡No!- le respondí- allí vamos acordar.
Después de una pequeña caminata por las calles de surco, llegamos a la casa de Silvia, el lugar destinado para nuestro encuentro. Allí, nuestra anfitriona  nos recibió en la puerta con los brazos abiertos. Dentro de la casa,  estaba Margarita, había llegado temprano, a ella, Fernando le decía: “La salvaje” porque de niño siempre le pellizcaba. A su lado  Liliana Figueroa, la conversadora, animosa y directa como ninguna, con una memoria que a todos nos dejó sorprendidos. Apenas nos vieron,  nos cerraron la puerta, mientras se mataban de la risa por no dejarnos entrar. Y Silvia afuera gritando.
-¡Abran!,  estas chicas están jugando – nos miró Silvia, sonriendo  y recordé el colegio, las peleas absurdas y los juegos.
Llegó después Lamilla, “la tuya, y la de él” como así la molestaban, apareció Américo conversador, entusiasta, y diplomático, “el poeta”, que con sus versos encantaba a las profesoras.  Después apareció Maraví, que estaba perdida y que casi nos obliga a salir en su búsqueda. Poco a poco fuimos entrando en una conversación extremadamente deliciosa y encantadora,  llena de recuerdo,  faltaba JR Bringas, uno de los más conversadores, desenfadado para hablar, sin tapujos y directo, que condimentó más la reunión. Las risas no paraban, tampoco la comilona, acabamos con todos los confites de la mesa,  no quedó bebida alguna. Todos hablamos, ninguno calló. Era nuestra reunión hasta que empezaron las confesiones Liliana o Eda como ahora pedía que le llamen empezó, dejando sorprendido  a todo el grupo.
¡Está bien!,  yo empiezo – dijo, mirando a todos – no tengo porque avergonzarme por los sentimientos que tuve.
El grupo se enmudeció, ¿contaría de quien estuvo enamorada en la secundaria? ¿Se atrevería? Nadie quería perdérselo, había creado el ambiente necesario para que todos le presten atención, hasta JR Bringas calló, Fernando olvidando la hora, porque eran más de las once, le prestó atención, Américo quieto, la miraba sorprendido, igual que Margarita que quizás diría: “No digas nada”. Silvia como toda ama de casa y anfitriona no escuchó, se lo perdió por estar en la cocina. Lamilla miraba inquieta y entonces lo dijo, (no menciono nombres por ética) dejando a todos sorprendidos algunos sonrieron, otros buscaban con la mirada  a la otra parte mencionada, pues estaba allí, impávido escuchando. Las confesiones hicieron que el ambiente se calentara y aún más porque era el turno de JR Bringas...  (Continuará)


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